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Aún hay esperanza para los Bills y otros aspectos de la Semana 11

Se dice que después de Acción de Gracias es cuando ya se entra en la fase decisiva de la competición en la NFL y es cuando hay que fijarse en el cuadro de Playoffs. Por fin llegamos a ese momento de la temporada, Acción de Gracias es este jueves y estamos más que preparados para echar cuentas, mirar calendarios y analizar las posibilidades reales de cada equipo de llegar a enero y a la batalla por el anillo. Y a días de que superemos esa barrera imaginaria, en la Conferencia Americana el lío que hay montado es curioso. Siete equipos se mueven entre cuatro y cinco derrotas, seis equipos para, probablemente, solo dos puestos libres que clasifiquen para Playoffs: Texans, Steelers, Bills, Colts, Broncos y Bengals.


Mientras, en la Nacional, cuatro equipos se han destacado y se insinúan muy por encima de resto. Eagles, Lions, 49ers y Cowboys parecen estar varios peldaños por encima de todos los demás, que no terminan de hacer los méritos suficientes para creer en ellos como aspirantes reales a pelear por llegar a la Final de Conferencia. Por detrás de esos, los Seahawks parecen un seguro para Playoffs aunque también se muestran vulnerables, todos los candidatos a ganar la NFC Sur están envueltos en su particular país de los ciegos en el que el tuerto conseguirá un puesto en Wild Card y Packers y Rams sueñan con un empujón final que les permita aspirar a ese séptimo puesto del que ahora mismo es dueño Minnesota.


Con este contexto, afrontamos un último mes y medio de competición apasionante en el que hay demasiados equipos para muy pocos puestos libres y que nos traerá historias dramáticas, de redención, de fracaso y esperanza. Es la mejor parte de la temporada regular de la NFL; la más emocionante y la más bonita. Para encararla, esta última jornada nos ha dejado algunas conclusiones.


No todo está perdido para los Bills


Los Buffalo Bills afrontaban este domingo una auténtica final ante los Jets. Ganando, sus aspiraciones de Playoffs se mantenían muy vivas; mientras que si perdían, las esperanzas –y posibilidades matemáticas– se reducían a la mínima expresión. Enfrente, el equipo que sin Aaron Rodgers les sorprendió en la jornada inaugural de la temporada, interceptando tres veces a Josh Allen y con un retorno del punt en la prórroga que dejaba el triunfo en Nueva York. Ahora, en Buffalo, los Bills no tenían margen de error. Estrenaban a Joe Brady como Coordinador Ofensivo y necesitaban enviar un mensaje a la liga. Lo hicieron: No estamos muertos.


¿Cómo lo hicieron? Recurriendo a la versión más aburrida, menos excitante, cero arriesgada y con la que menos riesgo corría ese ataque. La defensa de los Jets es una de las que más problemas ha puesto a Allen en los últimos tiempos y, sabiendo eso, el objetivo número uno de Brady fue bastante claro: No ponerse en riesgo de perder balones. La mayor diferencia entre la propuesta de Ken Dorsey y la primera ocasión que Joe Brady estuvo a los mandos de la ofensiva fue la variedad en el juego de carrera, donde vimos diferentes esquemas con los que buscar huecos en el ataque terrestre. Además, la consigna de que cuando los Jets estuvieran en formaciones con dos safeties profundos –que fueron la mayoría– la intención sería percutir en las primeras yardas del campo. Optando por ser conservadores y sin siquiera plantearse intentar el big play –Gabe Davis, la principal amenaza profunda de los Bills no tocó el balón en todo el partido–. Si los Jets jugaban coberturas no agresivas, Buffalo corría o buscaba a Kincaid en rutas que atacaban la zona intermedia. La fórmula funcionó relativamente, permitió sumar con Field Goals, lo que era más que suficiente teniendo en cuenta la evidente incapacidad de Zach Wilson de sumar absolutamente nada para el ataque de los Jets.


El partido fue lento y poco excitante, siempre controlado por los Bills hasta que Josh Allen leyó una defensa single high –solo un safety profundo– en la secundaria de los Jets y mandó un cañonazo a Khalil Shakir que se acabó convirtiendo en un TD de 81 yardas. El lanzamiento de Allen fue extraordinario, perfecto de precisión, tenso y a la manos de su receptor, clave para que Sauce Gardner, que era quien marcaba a Shakir, no pudiera adelantarse y con el balón en la manos del WR y el resto del campo desguarnecido sin dos safeties protegiéndolo, la velocidad de Shakir hizo el resto.


Los Bills fueron pacientes, evitaron errores y supieron esperar su momento para romper el partido y acabar dando una paliza a los Jets que les mantiene vivos en la carrera por los Playoffs. El calendario que les espera a los Buffalo es uno de los más difíciles de la competición pero al menos siguen vivos y con la esperanza de que, con los Bengals sin Burrow y los Steelers con muchos problemas en ataque, puedan hacerse acreedores de esa séptima plaza que te permite pelear por el anillo.


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