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Supersticiones en la NFL: del esfuerzo a la FE


Si bien la clave del éxito se vincula a la disciplina, el esfuerzo y el compromiso, para Patrick Mahomes un poco de las mieles de la victoria responde a los rituales. A sus 28 años de edad el quarterback de los Kansas City Chiefs es dos veces MVP de la NFL y dos veces Campeón del Super Bowl (LIV y LVII), pero algo de estos logros históricos a su temprana edad, se lo atribuye a su ropa interior.


Mahomes ha confesado que, desde su debut en la NFL hace seis años, ha utilizado los mismos calzoncillos en cada juego de la NFL, durante toda su carrera; es decir: por más de 100 veces, en más de 100 juegos, se ha puesto esta prenda debajo del uniforme de los Chiefs.


Por extraño que parezca, Mahomes no es el único. Muchos jugadores y ex jugadores de la NFL han cobrado fama por las curiosas supersticiones que han elegido para darle un "extra" a su desarrollo deportivo. Ya sean prendas, alimentos o acciones específicas, algunos jugadores han creado sus rituales para "coquetearle" al éxito.


El receptor abierto Bennie Fowlers usa calcetas de la NBA al entrar a un campo, no importa si es en práctica o en partido; tampoco importa si realmente no juega basquetbol, para él, la esencia de su elección es la comodidad. Estas prendas llegaron a sus manos porque su mejor amigo, Jordan, es hijo del legendario ex jugador de los Pistones de Detroit Joe Dumars, quien tenía grandes cantidades de estos pares y ahora no sale sin ellas al emparrillado.


O el caso del pateador de los Eagles de Filadelfia, Jake Elliot, quien religiosamente ha comido la misma cena una noche antes de cada partido: una rebanada de pizza y otra de cheesecake. Acostumbra esta cena desde su etapa universitaria, cuando en un intento de 56 yardas, pese a rebotar en las diagonales, el ovoide pasó y le dio la victoria al equipo; según Elliot, esa cena tuvo algún "karma" que le dio la capacidad de triunfar y desde entonces es el alimento previa al día del juego.


Aunque también existen los rituales fuera de alimentos o prendas: la música. El que es considerado el centro más dominante de la liga en esta temporada, Jason Kelce, de los Philadelphia Eagles, no tiene empacho entrar al campo de juego con música navideña, así la temporada comience en septiembre y la Navidad no esté ni cerca del calendario, Kelce llega al campo como un "Santa Claus" del verano tardío a relajar el ambiente.


Pero algunas leyendas también tuvieron sus rutinas curiosas; por ejemplo Tom Brady, quien con apoyo de su entonces esposa Gisell Bündchen hacía altares. Es más, ella le ponía al ex QB un collar de piedras con efectos curativas antes de cada encuentro.


Si no fuera suficiente con entrar físicamente al campo a jugar, para el ex receptor abierto Emmanuel Sanders era parte de su domingo una ronda de Madden para además entrar "virtualmente" al juego… ¡Y elegía enfrentar al equipo que vería en la vida real! Un proceso de visualización algo parecido al que utilizan los pilotos de F1 para estudiar, en trazados digitales, los circuitos por los que correrán en los monoplazas.


El ex QB de de los New York Giants Eli Manning quizá no llegó a los extremos de Mahomes, pero para ser considerado uno de los diez mejores pasadores de la historia de la liga tomó una curiosa tradición: en el verano elegía su "playera de la suerte" de cada temporada y en cada juego utilizó la prenda de la fortuna; mientras, su legendario hermano Peyton tenía la extraña costumbre de desvelarse hasta la máxima hora posible antes de cada juego. Por extraño que parezca esta costumbre para un atleta de alto rendimiento profesional, era la solución perfecta para sus mejores jornadas.


El ex linebacker de los Chicago Bears, Brian Urlacher, no ponía altares ni joyas extravagantes, solo acostumbraba comer galletas de chispas de chocolate antes de cada juego.


Rituales, supersticiones, costumbres, rutinas, todo en pos de no dejar el resultado en manos solo de la preparación y la táctica, para entrar con el extra que da la fe en lo intangible y saber que la victoria podría inclinarse hacia esos actos cargados de esperanza.


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